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Mongolia: Bitácora de un tour atípico (Parte 1)

Ger
Ger

El tomar la decisión de qué tour escoger para nuestra aventura en el desierto de Gobi, ya fue toda una aventura en sí! Tanto tiempo habíamos esperado para llegar a Mongolia, que teníamos todas las energías puestas en que fuera un viaje inolvidable. Así que el mismo día que llegamos a Ulaanbaatar comenzamos a visitar las agencias de turismo y cada página web que encontramos disponible en busca de opciones de tour. Visitamos unas siete agencias y consultamos por internet unas otras y lo que encontramos es que los precios pueden variar bastante! Cada hotel/hostal tiene también su propia agencia de turismo y las variaciones de precio eran desde U$35.00 hasta U$1oo.00 por persona/día o incluso más. Nuestra mayor sorpresa fue saber que algunas agencias fijan el precio según país y que los latinoamericanos tenemos el privilegio del mejor descuento en algunas de ellas.

Luego de darle tantas vueltas, nos decidimos por el que nos había hecho la mejor oferta y de los que mejor nos habían recibido y atendido. Esa agencia fue Travel-Mongolia. Nuestro único miedo antes de comenzar el viaje rumbo al desierto era que el precio saltaba mucho de una opción a otra y a veces lo barato puede salir caro. La verdad es que con eso nos equivocamos y lo que nos encontramos fue con un tour algo atípico y lleno de sorpresas, pero super entretenido. Nosotros lo que buscábamos era conocer el estilo de vida de las familias nómadas, conocer algunos lugares que teníamos marcados en nuestro mapa backpacker y algo de aventura y eso fue lo que obtuvimos y con creces.

Ya sabíamos con anterioridad que la gran mayoría de los baños públicos iban a ser letrinas rurales de madera, que probablemente no íbamos a comer ni frutas ni verduras en todo el viaje, que íbamos a dormir algunas veces medio incómodos, que podían pasar días sin que pudiéramos bañarnos y que pasaríamos gran parte del día en el auto porque las distancias son muy largas. Es bueno que lo supiéramos antes de comenzar el viaje porque así nos preparábamos mejor y no nos sorprenderíamos estando allá como le pasó a una persona en el tour que por todo se sorprendía y no para bien. Así que el primer tip que les podemos dar es que averigüen bien en qué consiste cada tour y vayan preparados física y mentalmente.

Día 1: Adiós Ulan Batór

Figurábamos con Tiago muy emocionados esperando al chofer en la entrada de nuestro hostal ya preocupados porque aún no llegaba 20 minutos después de lo esperado, hasta que al fin lo vimos aparecer. Fue ahí cuando conocimos a Idre, nuestro chofer risueño y de ojitos sonrientes. Nos subimos al furgón Hunday gris, bastante cómodo y limpio y nos dirigimos a buscar al resto del equipo. Mientras nos acercábamos al siguiente hostal, con Tiago le pedíamos a Mongolia que nos enviara a gente buena onda con quienes íbamos a pasar 9 días (día y noche) con personas desconocidas, como en el mejor de los reality shows. Ya habíamos hecho eso con couchsurfing, pero al menos ahí tienes idea de con quienes quieres compartir esos días y tienen un perfil el cual uno puede leer y seleccionar. A nuestro grupo se integró una chica de Korea, dos chicas de Hong Kong y una chica de Canadá. Se subieron al furgón, todas un poco tímidas al comienzo pero con toda la intención de conocer al resto del team. Una vez el grupo estuvo reunido, nos juntamos con una de las chicas de la agencia para hacer el pago con tarjeta de crédito en un banco y nos comentaron que nuestros guías (dos personas) se nos unirían más al sur de Mongolia. Comenzamos nuestro viaje rumbo al desierto y nuestra primera parada en el camino fue para fotografiar a un grupo de grandes camellos. No era la primera vez que los veíamos pero estos eran muchos y tenían todas las ganas de posar para nuestras fotos.

La ruta por Mongolia central generalmente está pavimentada, lo que lo hace una ruta mas o menos tranquila. El paisaje aun podía verse verde por el pasto y los árboles a lo alto de la montaña, lo que nos indicaba que aun estábamos muy lejos del desierto y que íbamos a tardar unos días en llegar hasta allá. Saliendo de Ulaanbaatar ya se puede ver la Mongolia rural, kilómetros de campo y uno que otro ger de vez en cuando. Algunos animales se cruzaban en el camino e Idre les bocinaba y tiraba el auto encima para que se corrieran, así que los animalitos aceleraban su paso para poder cruzar la carretera. En ocasiones veíamos entre 50 y 100 ovejas, cabras, caballos o vacas.

Luego de andar bastante en auto, nos detuvimos en un puesto de gasolina para abastecer y para ir al baño. Nosotros pensábamos que sería de las ultimas veces que usaríamos un baño “normal” en el tour. Nos bajamos del auto y entramos a la tienda (que al final no era mas que una oficina administrativa) y le preguntamos a la señora que ahí estaba si nos podía indicar donde estaba el baño.  La señora nos apunta con la mano por la ventana indicando que allá se encontraba el baño. Por la ventana pudimos ver una una pequeña letrina de madera roja en medio del campo, así que nos dirigimos hacia ella caminando por la tierra y ahí estaba, nuestra primera letrina. Ahí comenzamos a practicar las sentadillas.

Seguimos nuestro camino hasta que Idre detuvo el auto y nos indica con su nada de inglés y con la mano que ahí nos bajaríamos a almorzar. Mientras apuntábamos las fotos de los platos que queríamos comer, se nos acercó una señora de unos 40 y pocos años, sonriente, de pómulos salientes, ojitos risueños, piel morena, lentes redondos y medio gruesos. Ese rostro característico de los mongoles y que nosotros encontramos tan exótico. Se presentó ante el grupo y nos comentó que ella sería nuestra guía durante el viaje y que también nos acompañaría su marido Tumro. Él era alto y moreno y no tiene ese rostro mongol típico del que hablamos, ya que tenía los ojos y el rostro mas redondo. Ella hablaba un poco de inglés al igual que su marido y su nombre era Maam.

Continuamos juntos el viaje, ya de a poco los caminos iban haciéndose menos modernos y luego de un rato ya era solo camino de tierra. Nuestro primer destino turístico fue Baga Gazriin Chuluu. Descendimos del auto y ahí estaba ese imponente paisaje rocoso y anaranjado. Ya comenzaba a hacerse tarde y el sol comenzaba a iluminar las rocas con diferentes tonos. Maam nos invitó a subirlas para desde arriba poder ver el paisaje que continuaba una vez uno pasaba la gran primera muralla. Cuando llegamos arriba, mientras admirábamos ese hermoso paisaje, Maam intentaba encontrarle forma a las rocas y nos preguntaba que veíamos en ellas mientras nos iba diciendo qué veía ella y dónde lo veía: “woman and a baby rock”, “bear rock”, “turtle rock”, etc. Desde el primer día nos contagió con su cariño y su espíritu maternal.

Ese día más tarde llegamos al primer campamento de ger, el más lindo de todo el viaje. Era un campamento de unos 10 gers con vista a las formaciones rocosas de Baga Gazriin Chuluu y tenía una terraza con sillas blancas donde podíamos sentar a disfrutar del paisaje. En ese campamento nos tocó un ger privado, nuestro primer ger. Entramos en la gran carpa blanca, teniendo que agacharnos obviamente porque las puertas son bastante bajitas, sobretodo para Tiago jajajajaj. Observamos nuestro ger y vimos que la estructura por dentro que afirmaba la carpa, era de madera formando muchos rombos en la parte de abajo y en el techo lineas que salían desde la punta centro del ger hacia abajo llegando hacia los rombos de madera. En él habían dos camas pequeñas, una a cada costado, con un lindo cubrecamas blanco y azul que forman unas flores y figuras como enredaderas. Al fondo del ger había una mesa bajita con dos sillas, una a cada costado también, de color naranjo con detalles de color verde, amarillo, rosado y blanco. Al centro habían dos pilares naranjos que mantenían la estructura de madera, afirmando el techo y desde lo alto había un gran saco de arena. Siguiendo la linea del cordel del saco hacia el techo vimos que desde ahí podíamos ver el cielo despejado y lleno de estrellas. Los ger tienen un sistema de ventilación en la punta del techo la que cierran/abren manualmente dependiendo de la temperatura y de la lluvia.

Ger
Ger

Esa primera noche sacamos nuestros pareos fuera de la carpa, los estiramos en el suelo y nos recostamos sobre ellos a ver las estrellas. Desde ahí veíamos la vía láctea muy claramente, hacía mucho tiempo que no veíamos un cielo tan maravilloso como ese, de esos que no te dejan pestañear. Pedimos nuestros deseos mientras pasaban las estrellas fugaces y comenzamos a sentir la brisa que poco a poco iba poniéndose más fría. Cuando ya se nos acabaron los deseos y ya habíamos guardado ese cielo en nuestra memoria como una fotografía decidimos ir a acostarnos en nuestro lindo ger. En medio de la noche comencé a escuchar un ruido como de alguien moviendo una bolsa muy cerca mío pero dentro de mi sueño me repetía “es afuera vuelve a dormir”, hasta que Tiago me dice con voz (de quién habla a modo de secreto) “Nena, qué es ese ruido?” A lo que yo le contesto “es afuera no pasa nada” (mi sueño siempre ha sido pesado). Tiago sin quedarse tranquilo con mi respuesta, tomó la linterna y apuntó la luz hacia dónde venía el ruido y vimos que había un pequeño ratón café metiéndose en la bolsa de comida que habíamos dejado en el piso. Nos acercamos a espantar al bicho y al parecer tenía tanta hambre que ni caso nos hizo o tal vez nuestro pastel de chocolate estaba tan irresistible que no podía sacar sus pequeños dientecitos de el. Mientras lo espantábamos nos miraba con cara desafiante y cuando nos acercábamos más a espantarlo, se alejaba un metro y volvía. Debo admitir que el bicho era hasta lindo pero hubiese estado mejor si nos visitaba durante el día y fuera de la carpa. Una vez logramos espantarlo fuimos a ver donde estaba el hoyo por donde podría haber entrado y nos dimos cuenta que la carpa estaba completamente abierta por abajo. Colgamos la comida en lo alto del ger y nos fuimos a la cama nuevamente costándonos un poco más conciliar el sueño. A eso de las 5:00 hrs me desperté nuevamente con un ruido, pero ya no era la de un ratón husmeando en nuestras cosas, si no que de unas cincuenta ovejas pasando justo afuera de nuestra carpa “beee beee”, no nos quedaba de otra que contar ovejitas y volver a dormir.

Día 2: Nuestra primera experiencia nómada

Después de haber pasado una noche de visitas inesperadas y poco dormir, aprovechamos que nuestro moderno campamento tenía baños con WC y duchas, así que decidimos ducharnos ya que no sabíamos cuando sería la próxima vez que podríamos volver a hacerlo. Al ratito Maam y Tumro nos hicieron señas con la mano desde la terraza para ir a desayunar. Nos sentamos en las blancas y duras sillas de hierro desde donde podíamos ver el sol reflejando en las rocas que estaban a unos cuantos kilómetros de distancia tiñéndolas de un color rojizo e iluminándolas. Se sentía el metal de las sillas muy frío en el cuerpo pero podíamos soportarlo debido al calorcito que llegaba en nuestra cara del sol de la mañana. El aire comenzaba a calentarse de a poquito y pudimos disfrutar de ese aire tan puro. El aroma de la sopa que nos habían preparado se tomó el lugar y se podía percibir que era una sopa de pollo con algunos condimentos que no pudimos reconocer. La sopa estaba deliciosa pero para mí estomago bastante picante y fuera de lo común. La sopa picante de pollo con arroz acompañó el calor del sol de esa mañana y nos dio un cálido primer desayuno. Nos instalamos en el auto y continuamos nuestra aventura hacia nuestro segundo destino: White stupa.

Selfie Desayuno
Selfie Desayuno

Nos detuvimos a comprar comida en un mercado y al salir vimos a Idre, Maam y Tumro con un gran saco blanco y supimos que ahí venía nuestro almuerzo. Nos subimos al auto y nos dimos cuenta que en el saco blanco había un cordero entero! Seguimos rumbo al sur de Mongolia por camino de tierra y ahora con olor a cordero. Además de esto, sumaré un tercer factor del que no les hemos hablado aún, la chica que de todo se quejaba. Desde el primer momento comenzó a quejarse  de los baños, de las duchas, de las camas, de los gers, de la comida que nos preparaba la Maam con todo cariño, que íbamos muy rápido o muy lento, que si pasábamos al supermercado o si no pasábamos, en resumen, se quejaba por T-O-D-O. Tuvimos la suerte que el resto del grupo estaba en sintonía con la aventura y de compartir con todos. Así que el olor a cordero, el saltado camino de tierra y la chica que todo lo alegaba quedaban atrás como por arte de magia cuando compartíamos entre todos y veíamos esos hermosos paisajes.
Como ya le habíamos pedido a la Maam visitar alguna familia nómada para conocer algo de su forma de vida, nos detuvimos en la carretera y tomamos un camino alternativo que se desviaba de ésta, para seguir entre pequeñas matas de pasto, tierra y piedras. El auto se detuvo y ahí estábamos frente a dos gers en medio de la nada. Nos bajamos del auto (yo ya preparando mi cámara para hacer retratos) y vimos a esa hermosa familia que nos invitó a su casa. Al igual que el ger en el que habíamos dormido, debíamos agachar nuestras cabezas para entrar y dirigirnos al centro del ger para luego sentarnos en el suelo sobre la alfombra café áspera que separaba el suelo del interior. A un lado había un enorme bidón azul y un niño de unos 10 años revolviéndolo sin parar con un gran palo de madera. Nos explicaron que íbamos a probar la leche de yegua fermentada, el famoso y no tan querido airag sobre el que tanto leímos en internet. Ya podíamos sentir el olor a leche agria en el ambiente. Los dueños de casa se acercaron a nosotros y nos entregaron un bowl lleno de airag, el cual partió en manos de Idre y fue pasándose de mano en mano hasta llegar a la mía. Cuando me tocó acercar el bowl a mi boca, supe casi de inmediato que no iba a ser de mi agrado. La leche estaba tibia, algo aguada y su sabor era bastante fuerte. Se sentía la acidez de la leche que estuvo al sol unos cuantos días. Sí al sol! Para dejarlo fermentar lo ponen en esos bidones y los revuelven mil veces para llegar al estado deseado por ellos, es decir fermentado. Es su bebida nacional por excelencia, todos los locales la adoran y tiene algunos grados alcohólicos por la fermentación. Muchos mongoles la describieron como su propia cerveza. Tomé un trago y pase el bowl pero siempre con cara de agradecimiento hacia los dueños de casa y disimulando la cara de estómago revuelto. Además, ellos te lo ofrecen con toda generosidad así que decir que no es muy descortés. La teoría dice que el hombre debe tomar el primer bowl y luego las mujeres. Además, debes tomártelo todo, ya que cuando un mongol te ofrece algo debes comerlo o tomarlo, ya que rechazarlo o dejar comida en el plato es mal visto.
Salimos del ger y nos guiaron al lugar donde estaban sus caballos y nos mostraron como trabajaban con ellos. Los niños de unos 10 y 11 años comenzaron a afirmar a los caballos y la señora de unos cuarenta años tomó un banquito, se sentó en él y acercó su balde para ordeñar a la yegua que estaba al frente de ella. En ese momento apareció una pequeña y hermosa niña de unos 5 años, con un baldecito plateado para ayudar en el trabajo diario. Ella vestía una chaqueta azul y su ropita estaba medió teñida por la tierra y algo gastada. Con su pelo en una cola de caballo y un poco despeinada por el viento, nos observaba y observaba el trabajo que estaban haciendo sus papás y hermanos con los animales. Ella fue mi primera inspiración fotográfica, con sus ojos café oscuro transmitía dulzura y una inocencia única. Posó en mis retratos tímidamente y me regaló sonrisas llenas de ternura. Nos dimos la mano suavemente y nos saludamos recibiendo cariño la una de la otra.

En ese terreno vivían algunos niños, sus papas y los abuelos y como toda familia nómada se alimentaban de lácteos y carnes, que es todo a lo que pueden acceder estando tan lejos de todo y también para poder sobrevivir al duro invierno mongol. Casi toda familia nómada del centro y sur de Mongolia tiene animales, que son mayoritariamente caballos, vacas, camellos, ovejas, cabritos o yaks y deben ir trasladándose de lugar para ir buscando comida para sus animales. Ya que el crudo invierno dificulta las cosechas, estos generan alimentos sacados de animales como yogurt, yogurt deshidratado, queso, carne de cordero, leche de yegua fermentada, leche de vaca, mantequilla de yak, entre otros. Hasta el té con leche de vaca que es medio salado, le agregan manteca. A parte de esto consumen bastante papas, arroz, fideos y alguna que otra masa frita. La familia, además de airag, nos ofreció yougurt seco el cual venía en trozos grandes de unos 10 cm, así que si no nos gustaba igual debíamos terminarlo si o si. Para nuestra suerte, no estaba tan mal, era como comer un queso duro, algo áspero y ácido. No era ninguna delicia pero por lo menos era bastante más agradable al paladar que el airag. Así que lo comimos con gusto. A la salida del ger y sobre la puerta de entrada había otra especie de yougurt seco, puestos sobre una bandeja de madera. Estas a diferencia del anterior, era más blando,  menos acido y aún más rico y a la vista parecían palomitas de maíz. Luego de agradecer a los dueños de casa y despedirme de mi pequeña amiga nómada, continuamos el viaje con el grupo.
Nos detuvimos a almorzar en un pueblo, en donde entramos por una delgada reja de madera y un tipo joven de unos 20 años nos saludó y nos hizo pasar a un ger que estaba justo al lado de una casa de madera. Él era el hijo de una amiga de Maam quien nos prestó un espacio para cocinar y posteriormente almorzar. Entramos al ger y nos pusimos a observar como Tumro sacaba el cordero del saco y se ponía a trabajar sobre él. Lo puso en el piso y en un bowl hizo una mezcla de agua con harina de trigo hasta formar una masa. Tomó la masa con sus manos y comenzó a limpiar el cordero para sacar lo que quedaba de la sangre y pelos del animal. Justo a su lado estaba la Maam cortando pimentones, ajo y los fideos para acompañar el cordero. Cortaron el animal en trozos y los tiraron a una olla junto con el pimentón, ajo y fideos, le agregaron un poco de agua y ahí lo dejaron que se cocinara. Mientras nuestra comida iba haciéndose lentamente, Tumro seguía cortando el cordero en distintas partes. Empezamos a sentir el olor a cordero cocido y fue cuando estuvo lista nuestra comida. Disfrutamos de un enorme plato de pasta con cordero, que estaba bastante rico pero era enorme y ya sabíamos que no debíamos dejar comida en el plato hasta porque no había donde refrigerarlo y no comérselo implicaría botarlo a la basura, así que lo comimos todo.

Nos despedimos del chicos que ahí vivía y nos subimos nuevamente al auto para seguir viaje.
Después de un largo camino, finalmente llegamos a la White Stupa. Nos bajamos del auto y comenzamos a caminar para ver las quebradas. Como el tiempo coincidió a nuestro favor, pudimos presenciar un despejado y lindo atardecer. Los colores de la tierra completaban matices desde el blanco hasta el rojo y café. Los rayos de sol permitían que los contrastes aumentaran y los colores se intensificaran. Todo esto se podía ver desde arriba como un mirador desde distintos puntos. A medida que el sol iba bajando, se iba poniendo cada vez más naranjo e iba llegando sombra a algunas partes del colorido terreno. Al fondo de esta obra de arte natural, vimos que una tormenta comenzaba a unirse al paisaje y los rayos se dibujaron en el horizonte. Antes que el sol se pusiera por completo en el horizonte, nos topamos de frente con un montón de piedras apiladas en el suelo que formaban una montañita. Seguimos la tradición de los mongoles que daban tres vueltas alrededor de las piedras arrojando una piedra por vuelta y pidiendo un deseo.

Luego de eso, nos acercamos a la van y pudimos sentir el olorcito a cordero que venía desde ahí. Era la Maam preparando arroz con cordero, nuestra cena del día. Después de comer y con el estomago a mas no poder, nos subimos a la van y partimos en dirección a la tormenta. Entre camino de lluvia y saltos, llegamos a un pueblo que poco se veía porque era de noche en donde nos detuvimos en la casa de una familia local que adaptó su terreno con unos ger para recibir turistas. Esa noche compartimos un ger con todos y nos dimos cuenta que faltaba lugar para tres personas. Como nuestro tour era atípico, lo improvisaron en dos segundos y ahí estábamos con Tiago durmiendo de lado en una pequeña cama inflable que con suerte cabíamos. Este campamento era bastante diferente al que habíamos visto la noche anterior pero bueno, por lo menos había lugar para nosotros. El baño era una vieja letrina en el patio sin puerta que daba a la calle pero había una reja antigua de madera que te tapaba de las caderas para abajo lo suficiente para censurar. En el patio había un rabioso perro amarrado que nos ladraba con furia cada vez que nos dirigíamos a la letrina. Obviamente ni pensar en la posibilidad de tener duchas. Algo incomodos dormimos esa noche pero por lo menos no tuvimos la visita de ningún ratón.

 

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