close
AsiaJapónViajes

Nuestra experiencia en un templo budista (parte 1)

estupa

Llegamos ahí casi por coincidencia, nunca pensamos en la posibilidad de ser recibidos en un templo budista, ni mucho menos hospedarnos en uno.

Tal como lo habíamos hecho hasta el momento en Japón, contactamos algunos amigos couchsurfers y les enviamos una solicitud consultando si nos podían recibir en su casa. Al poco tiempo después, recibimos respuesta de una profesora, quien gentilmente nos comenta que no iba a poder recibirnos, ya que estaba por recibir unos huéspedes, pero que una amiga de ella podía hospedarnos unos días. Hisako, que es una profesora de Inglés para niños en Osaka, comienza a contarnos que su amiga es esposa de un monje budista y que vive en un templo en la pequeña ciudad de Yoshino, localizada a unos 100km de Kyoto. Un templo budista! Era mucho más de lo que podíamos esperar y una oportunidad que no podíamos desperdiciar. Así que rápidamente respondimos que aceptábamos su invitación. Ese era otro regalo de Japón para nosotros y también de nuestra amiga Hisako.

Que el monje tuviera esposa nos parecía moderno o simplemente era una imagen distinta a la que teníamos del budismo, o de lo que habíamos visto en las películas o noticias, pero que además recibieran couchsurfers nos parecía más moderno aún.
Hisako creó un grupo en Facebook para que pudiéramos hablar con su amiga Yoshiko y ahí estábamos en el grupo los cuatro intercambiando palabras en japonés e inglés. Yoshiko hablaba muy poco inglés, pero inmediatamente fue muy cordial con nosotros y nos comentó que nos recibiría en su casa. Con Tiago estábamos tan felices, pensando en la experiencia íbamos a tener en el templo!

Como si fuera poco, Yoshiko nos comenta que el día que llegáramos al templo, nos recibirían con un rico asado! Asado?!! Nosotros pensando “o esto es demasiado genial o es un asado de vegetariano”. Y que además compartiríamos con otros dos extranjeros, uno de Francia y otra chica de Italia. No está de más decir que con Tiago nos moríamos de ganas de comer carne, ya que había pasado más de un mes desde nuestro último asado y como buena familia chilena/brasileña, se nos hacía agua la boca de solo pensarlo.
Tomamos el tren ese día para dirigirnos al templo, nosotros medio perdidos y haciendo como mil conexiones para llegar hasta allá. Casi por intuición nos bajamos en la estación que creímos que podía ser, que no era precisamente la de Yoshino, sino una o dos estaciones antes. Cuando nos bajamos no había nadie más que el guardia que no hablaba inglés y una persona que nos vio desorientados y que por suerte y milagrosamente sí hablaba inglés. Se nos acercó y nos preguntó si necesitábamos ayuda y obviamente la necesitábamos. No sabíamos si nos habíamos bajado en la estación correcta y no teníamos internet para poder contactar a Hisako o Yoshiko. Fue en ese momento cuando vimos a una japonesa de mediana estatura, acercándose a nosotros y preguntándonos si éramos Tiago y Magda, ufff que alivio encontrarla!

Nos despedimos del amable señor y seguimos a Yoshiko hasta su pequeña van. Cuando salimos de la estación nos dimos cuenta que el pueblito era muy pequeño y casi ni veíamos personas en la calle. Subimos un cerro con mucha vegetación y muchos bambúes y luego de  unos minutos, al fin vimos el templo.
Nos bajamos del auto y vimos que a nuestra derecha estaba un pequeño templo budista, con sus adornos dorados y un altar con un Buda al fondo de la sala. Inmediatamente a nuestro lado izquierdo y frente al templo, había una estupa bastante grande y delante de él un búho de madera encendido que iluminaba a través de su cuerpo. A unos pasos de la estupa había un restaurante, el restaurante de Yoshiko el cual recibe clientes a diario para almorzar, además de ser utilizado como un espacio para enseñar a hacer arreglos florales a las señoras durante la semana.

El espacio tenía objetos de madera pintadas, arreglos florales y algunos objetos decorativos metálicos de jardinería. Habían mesas de madera que eran parte del restaurante y un mesón a nuestra derecha que daba a la cocina y sobre éste había frascos con frutas de distintos colores y en una esquina, una máquina para hacer helado. Del otro lado había un enorme ventanal que daba hacia el bosque de bambú el cual uno miraba hacia abajo. En el segundo piso del restaurante había un baño y dos piezas, una para recibir visitas y otra como oficina. Yoshiko nos llevó hasta nuestra pieza de visitas que estaba frente a la entrada y justo antes de ella había un móvil de objetos japoneses bordados de distintos colores, con abanicos, niñas con kimono, etc. Yoshiko tenía todos los espacios decorados con sus manualidades bordadas y arreglos florales.

En nuestra pieza vimos tres imágenes en blanco y negro colgadas en la pared. La primera era del papá del monje, seguida por una del Dalai Lama y la tercera el último monje del templo ya bien viejito. Sobre una estera de madera en el tatame en el suelo habían dos camas, una azul para Tiago y una rosada para mí (típico en Japón).

Luego de dejar nuestras cosas, nos dirigimos al jardín con Yoshiko y ahí estaba el anfitrión de la fiesta, el monje y nuestro amigo Hozui, prendiendo el carbón para el asado. Lo saludamos e intentamos comunicarnos pero nosotros con un japonés súper básico y ellos con muy poco inglés encima. Desde ese día nos recibieron con una enorme sonrisa y con toda la generosidad del mundo. Pocos minutos después llegaron los otros extranjeros Nico y Magi.

Yoshiko le pidió a Tiago y Nico en el jardín que pelaran ajo y a mí me llamó a la cocina para que la ayudara con algunas cosas allá. Yo me puse a cortar vegetales y los fui llevando al jardín para que pudieran comenzar a ponerlos a la parrilla. Para nuestra sorpresa sí había carne, así que pudimos disfrutar de un generoso y delicioso asado, incluso de algo de cerveza y sake. Está demás decir que el monje no bebía alcohol pero sus amigos sí.

Asado
Asado

Poco a poco fueron llegando los amigos de Hozui y Yoshiko y también su hija Ayano. La fiesta comenzó a prender como cualquier otro asado, algunos medio pasados de copas se sacaban fotos con nosotros, cantaron karaoke y logramos conversar con señas y mímicas y reír bastante.  Ese mismo día nos hicieron sentir en casa. Esa noche ayudamos en lo que pudimos para agradecer la buena bienvenida y el hecho que nos recibieran en su casa.

Tiago trabajando
Tiago trabajando

Al día siguiente descubrimos que no era sólo couchsurfing, sino que ellos nos iban pidiendo algunas tareas para hacer como ayudar en la cocina o el jardín. Siempre fueron tareas simples y ellos siempre estaban muy pendientes de nosotros. Lo que nos dificultó el trabajo fue que ambos, Tiago y yo, habíamos llegado con un resfrío muy fuerte y anduvimos a un ritmo un poco más lento y no pudiendo disfrutar como hubiésemos querido. Ayudamos en lo que pudimos en el jardín y el restaurante y ellos siempre estuvieron ahí para lo que necesitáramos. Ellos, al ver que estábamos resfriados, lo primero que hicieron fue llevarnos a una farmacia y ayudarnos con la traducción y siempre que veían que nos sentíamos mal, nos pedían que descansáramos. Yoshiko llegaba con pañuelos y pastillas para la garganta para que nos mejoráramos lo más rápido posible.

El segundo día en la noche hicimos pasta con pesto y compartimos una rica cena con los dueños de casa, su hija Ayano y una pareja de amigos de ellos con sus dos encantadores hijos. Al parecer para ellos, siempre hay un momento para compartir, cosa que iba muy bien con nosotros. Esa noche con Tiago nos encargamos de cocinar y después de haber comido muchísima pasta, Yoshiko ha comenzado a traer platos típicos de la region que ella se había encargado de preparar para que probáramos. Ufff era un montón de comida, era como la comida después de la comida!

Esta consistía en tofu deshidratado en un jugo sutilmente dulce. El tofu era de consistencia medio esponjosa, y yo a pesar de no ser muy fan del tofu, debo decir que no estaba para nada mal. Había también un arroz con té como en una especie de sopa y un pequeño pescado para cada uno. Su aspecto no era muy lindo ni mucho menos de postre porque estaba el pescado entero, pero la verdad es que estaba delicioso, era sutilmente dulce y su textura un poco áspera. Era todo un privilegio comerlo porque es carísimo y lo sirven solo para ocasiones importantes, así que fuimos más que afortunados en probarlo. El tofu deshidratado y el arroz con té, suelen comerlo en cualquier ocasión, al desayuno, almuerzo o cena.

Cena japonesa
Comida japonesa

Yoshiko se había dado el trabajo de leer nuestra lista de platos típicos de Japón que queríamos probar y de cocinarlos para que fuéramos completando la lista. Ella resultó ser una excelente cocinera y lo mejor de todo es que siempre que cocinaba disfrutaba montando sus platos y se dedicaba como una pieza de arte. En todo momento quiso explicarnos sobre cocina japonesa y nos enseñó cuanto pudo. Tiago, como fanático de la cocina, disfrutó cada vez que vio a Yoshiko cocinar comida típica.

Cerramos nuestra cena con unos pasteles deliciosos de hoja con crema pastelera que el amigo de Yoshiko y Hozui, que por cierto es pastelero, había traído. Después de comer muchísimo terminamos por celebrar la comida con un grupal “gochisosama deshita” para agradecer por la preparación y la compañía.

Tags : backpackingbudismoJapóntemploTravellingviajes
Magdalena

The author Magdalena

Leave a Response