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Mongolia: Bitácora de un tour atípico (parte 2)

Golden gobi

Aquí seguimos con nuestra aventura por el desierto de Gobi. Si te perdiste la parte 1, haz click aquí para leerla.

Día 3: Noche con una familia local.

Ese día nos despertamos con ganas de avanzar ya que sabíamos que las White stupa nos habían desviado bastante y debíamos continuar nuestro camino para Yol Valley. Nos quedaba mucho por recorrer aún. En el mismo pueblo donde habíamos dormido, nos llevaron a un sitio de duchas ya que después cada vez iba a hacerse mas complejo encontrar agua en el desierto de Gobi. Anduvimos kilómetros entre verdes montañas hasta llegar al valle. Nos bajamos del auto y vimos que habían algunas familias locales atendiendo un puesto de artesanía en la entrada. Algunos niños y hombres estaban usando esas típicas batas de un solo color con un cinturón de género en la cintura. Pasando el puesto de artesanía, habían algunos caballos y unos niños pequeños jugando a su alrededor. Los niños nos miraban con cara de curiosidad y algunos posaban felizmente para las fotos que sacábamos.

Maam y Tumro nos adelantaron y se instalaron en una góndola blanca en medio del valle rodeado de verdes montañas. La Maam sacó la masa que había preparado esa misma mañana, hecha de harina de trigo y agua y comenzó a estirarla mientras que Tumro ayudaba cortando algunos vegetales como pimentón rojo, verde y amarillo, ajo y obviamente el cordero. Ese día todos colaboramos con el almuerzo, algunos estiraban la masa mientras otros rellenaban las “empanaditas” y las sellaban e Idre era el encargado de freírlas. El nombre de estas “empanaditas” es Boortsog y nos quedaron una delicia! Cuando estábamos almorzando bajo la góndola, comenzó a llover lo que preocupó al grupo porque podría arruinar el paseo a caballo por el valle. Una vez terminado el almuerzo, todos comenzaron a caminar en dirección a las montañas, las chicas a caballo y nosotros con Tiago mas atrás a pie con la Maam. El viento era tan fuerte y frío y la lluvia tan delgada, de estas que molesta en la cara y no te deja ni ver, que con Tiago decidimos devolvernos y hacer compañía a Tumro e Idre.

Esperamos a las chicas que volvieran de su paseo a caballo obviamente empapadas y con frío.Seguimos nuestro camino y nos detuvimos en la casa de una familia local en un pueblo ya más al sur, que resultó ser la casa de una amiga de Maam y Tumro. Nos invitaron a pasar a su casa de madera de dos pisos recién construida. En la terraza habían dos niñas de unos 8 años jugando. En el living había una sillón largo de cuero a mano izquierda, justo después de la cocina y un pequeño refrigerador blanco. Al centro de había una mesa de madera con 6 sillas como un juego de comedor. Afuera de la casa habían dos gers y una letrina de madera justo delante de la entrada del terreno. Uno de los ger contenía espacio para dormir y un pequeño altar budista con un buda dorado pequeño y fotos de la familia bastante antiguas colgadas en la pared. El ger estaba muy bien decorado y su estructura de madera en el interior era la típica de color naranja con detalles de colores con dragones y formas simétricas. El otro ger tenía una mesa en el fondo y sobre ella un televisor. Al centro había una cocinilla y platos rodeándola donde la dueña de casa estaba cocinando fideos transparentes de papa dulce con cordero y pimentón. Las personas se sentaban en el suelo alrededor de la cocinilla y mirando al televisor donde pasaban un programa de televisión local de comediantes.

Para nuestra sorpresa íbamos a pasar la noche ahí. Dimos vueltas dentro de la casa y no vimos espacio para que ninguno durmiera, no habían camas así que adivinamos que dormiríamos en el suelo o en el sillón. La Maam nos indicó que dejáramos nuestras cosas ahí y nos pasó una sábana para compartir con Tiago en el estrecho sillón de cuero. En ese momento llego la dueña de casa con pequeños pedazos de yourt seco o “aruul” y unos dulces para que compartiéramos. Atrás de ella venia su hermano menor de unos 25 años. Ellos viven en ese terreno que es de sus papás y cuidan la casa mientras sus papás salen durante el verano a vivir como nómades en su ger moviéndose de lugar en lugar, y cuando el frío invierno llega, vuelven a su casa de madera para esperar que llegue el verano otra vez. El tipo de unos 25 años era prevencionista de riesgos y trabajaba en una mina, además de practicar wrestling, que es el deporte nacional de Mongolia. El nos llevó a pasear por el pequeño pueblo y las dos niñas nos siguieron.

Ya habíamos caminado unos pasos cuando vimos a un grupo de chicas y niñas jugando a la pelota, así que Tiago, como buen brasileño, se puso a jugar futbol con las niñas mientras yo sacaba fotos del pueblo. Ahí solo veíamos niñas jugando y una que otra persona caminando por las vacías calles. En ese atardecer pudimos presenciar la “Jesus Light”, nombre que dio nuestra compañera de viaje Saphire para estos rayos de sol que penetraban a las nubes iluminando con una cortina de luz el horizonte.

Jesus light
Jesus light

Esa misma noche cuando llegamos a la casa y luego de comer cordero nuevamente, compartimos una botella de vodka entre todos y disfrutamos de las risas y el cálido clima. Con Tiago nos tocó dormir en el largo sillón de cuero, Tiago con la cabeza hacia un lado y yo hacia el otro. Hacía tanto calor que tuvimos que  dejar la ventana abierta y en medio de la noche me desperté un par de veces con uno que otro bicho caminando por mi cuerpo. Los sacaba y volvía a conciliar el sueño.

Dia 4: Al fiiiin Gobi!

Ese día la Maam preparo un delicioso desayuno mongol. Adivinen de que? Sí, cordero! la verdad es que me lo comí con ganas porque era mi favorito, el plato de fideos transparentes con cordero y pimentón. Generalmente lo que varía en las comidas en Mongolia es el carbohidrato, y el cordero que teníamos iba a durar para rato porque era el animal entero y digamos que no le echan muuuucha carne a las comidas.

Después de un laaaargo camino hacia el sur, llegamos a Gobi! al fiiiin Gobi :). El camino tenía siempre el mismo paisaje desde que salimos del pueblo donde habíamos dormido la última noche solo tierra, uno que otra matita de pasto y una que otra piedra en el camino. A lo lejos se podían ver las altas y grises montañas y delante de ellas y de menor tamaño estaban las duras de arena en un extenso terreno. Todo lo que podíamos ver era eso. Nos topamos con muchos grupos de camellos, siempre lentos y a su ritmo comiendo lo que había de pasto. Pasamos algunos campamentos de ger hasta que nos detuvimos en uno que tenia un grupo de callemos bastante grande, creo que debían ser unos cuarenta. Nos bajamos ahí y entramos a un ger  que compartiríamos nuevamente. Para nuestra felicidad, el campamento si bien no contaba con baños modernos y la letrina quedaba a unos cuantos metros de los ger, contaba con duchas de agua caliente. Ya después de dos días sin ducha estaría bueno volver a bañarse.

Nomad ger
Nomad ger in the Gobi desert

Dejamos las cosas en nuestras respectivas camas y salimos a conocer el lugar. Seguimos a la Maam y a Tumro quienes irradiaban amor caminando hacia las dunas tomados de las manos. Caminamos en ese típico paisaje que se nos asemejaba al desierto Mexicano, un paisaje de tierra medio quebradiza, algunas matitas de pasto, alguna calavera de camello o vaca en el camino, lagartijas cruzándose frente a nosotros y bieeeen a lo lejos se veían las dunas. Nos topamos de frente con una bajada bien empinada de arena que llegaba directamente a un pequeño río. siguiendo los pasos de la Maam y Tumro saqué mis zapatos con miedo porque en ese caluroso día esperaba que la arena estuviera ardiendo, pero no! estaba tibia, suave y medio resbaladiza. Así que fui la siguiente y comencé a bajar sintiendo como mis pies se hundían en la arena hasta tapara mis tobillos completamente, se hundían tanto que permitía que el propio cuerpo se estabilizara. Llegué abajo y pisé el riachuelo que poca agua tenía, mas bien era barro y mis pies comenzaban a hundirse nuevamente pero en el suave y resbaloso barro. Así que desde abajo comencé a hacerle señas a Tiago para que se animara y después al resto del grupo, quienes uno a uno comenzaron a bajar. Aprovechamos de poner nuestros pies en el agua mientras un par de vacas pastaba a unos metros y continuamos caminando, lavamos nuestros pies y pusimos nuestros zapatos nuevamente.

Como la Maam es sureña y conoce las pocas cosas que crecen y las aprovechan como pueden, se puso a cosechar un vegetal que era parecido al ciboulette, de la misma forma y del mismo color pero con un sabor mas de cebollín y lo usan como un sustituto de la cebolla. Además de esto, encontramos algunos arbustos cargados con una pequeña fruta roja la que usan para hacer vino casero. La Maam nos hizo probar de todo lo que encontrábamos en el camino y que podía ser comestible. La fruta era entre dulce, ácida y amarga y tenía una pequeña semilla en su interior. Cuando llegamos a los pies de las dunas, nuevamente sacamos nuestros zapatos y comenzamos a caminar por la linea en la cima de la duna que se forma con el viento, así que de un lado teníamos bajada y del otro también. El primero que iba en el fila iba desarmando la linea que se formaba en las dunas e iba haciendo el camino mas fácil para los que iban atrás, así que con la Maam nos íbamos turnando ya que éramos las primeras de la fila. Fue todo un ejercicio llegar hasta la duna más alta, nos sentamos allá arriba y nos pusimos a contemplar todas las dunas que seguían mas adelante en el paisaje. El color dorado de la arena y el sol reflejando en ellas, era un paisaje tranquilo y armónico, no se veían mas que dunas y mas dunas.

Con Tiago ya nos habíamos quedado sin agua y soñábamos con una cerveza bien helada, pero nunca pensamos que nuestro sueño se haría realidad ese mismo día.  Como ya estábamos muy cansados, con sed y mi espíritu de niña se había activado al ver tanta arena, tomé posición, me despedí de Tiago y bajé rodando esa enorme duna. Cada cierto rato paraba y hundía mis dedos en la arena, se sentía tan suave! Tiago caminando tras de mi y mirándome con cara de “Vai lá so tu”, llegamos abajo y vimos que la Maam ya estaba instalada cosechando nuevamente sus frutos rojos para hacer nuestra pequeña producción de vino, así que a medida que íbamos llegando fuimos ayudando y metiendo las pequeñas frutas rojas en las botellas vacías de agua.

Con las manos dulces y pegajosas continuamos caminando hacia el campamento para no perdernos nuestro atardecer con paseo a camello. Cuando llegamos al campamento, la Maam nos dijo que iba a preguntar si tenían cervezas heladas en otro campamento y sí! tenían!! Y como tuvimos tanta suerte Idre nos llevo a todo el grupo a buscar cervezas. Llegamos al pequeño campamento sin esperanzas de encontrar cerveza helada, hasta que llegó una chica con cervezas mas helada que abrazo de suegro, nuestro deseo se había hecho realidad. Fue la cerveza mas helada que habíamos tomado en todo nuestro viaje. La tomamos como la ultima cerveza helada del desierto.

Idre nos llama para que nos apuráramos para andar en nuestro paseo a camello y cuando llegamos de vuelta, la Maam nos estaba esperando 🙂 Era mi primer paseo a camello! Los dueños del campamento me apuntaron señalando que me subiera al camello que estaba ahí. Me subí con mucho cuidado, cuando de repente le dieron la indicación al camello para que se parara. Este levanto primero sus patas delanteras y luego las traseras y mi cuerpo se balanceó hasta quedar a mucha altura. Tiago se subió en el camello que estaba justo detrás y la que guiaba los camellos era una chica de unos 15 años que iba hablándole tiernamente a los camellos para que fueran tranquilos. La Maam nos dijo que nosotros le pusiéramos nombre a nuestros camellos así que le pusimos Emilia al de Tiago, que es el nombre de nuestra ahijada que es una niña dulce e inquieta y el mío lo llamé de Milkyway. Obviamente me tocó el camello rebelde, así que de castigo, nos mandaron al final de la fila. Fuimos en el paseo detrás de todos los camellos. Iban tan cerquita que podíamos acariciar la cabeza de los que iban justo al lado de uno. Nuevamente Mongolia nos regalo un hermoso atardecer en el desierto. El cielo estaba despejado y el sol anaranjado escondiéndose en las dunas. Los camellos caminaban lentamente de vuelta hacia el campamento. Cuando nos bajamos de Emilia y Milkyway, nos despedimos de ellos y fuimos en dirección a donde estaba la Maam y nos estaba esperando con nuestra cena lista.

Como cada día disfrutamos de una cena en conjunto y compartiendo. En ese momento escuchamos unos gritos como de una pelea y nos dimos cuenta que a una turista la había atacado un perro y la había mordido. Lo primero que nos dijeron cuando tomamos el tour fue que tuviéramos cuidado con los perros ya que son muy agresivos y se había sabido de casos de ataques hacia turistas. Después de mucho gritar la pobre turista y alegar a los locales, es que decidieron partir a Ulaanbaatar para recibir asistencia médica. La noche había llegado por completo  y el cielo estaba tan despejado como el que vimos la primera noche. Con Tiago salimos a fotografiar las hermosas estrellas y una vez más estábamos disfrutando de una hermosa noche repleta de estrellas. Descansamos como la mejor de las noches, medio llenos de arena y muy cansados.

 

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